Impunidad


 Claudio Santiago Venegas Lazzaro, menor de 17 años que estudiante de 3° Medio del Liceo José Victorino Lastarria, militante socialista, fue detenido por efectivos de la DINA el día 10 de septiembre de 1974, camino hacia su casa desde el departamento de su tío ubicado en el actual Portal Fernández Concha.
 Otros militantes fueron detenidos en el mismo operativo y vieron a Claudio Venegas dentro del auto Chevy color turquesa patente DC22 perteneciente a la Dirección de Investigaciones.



 Otros presos políticos afirman que estuvieron con Claudio en la Venda Sexy  (comuna de Macul) y posteriormente en 4 Álamos (comuna de Maipú). Ningún Juez consideró estos testimonios y la desaparición del joven quedó sobreseída por falta de pruebas. “Su hijo debe haberse ido del país. Aunque parezca joven él debe tener vínculos con militantes de otros países” fue todo el consuelo que recibió  María Luisa Lazzaro, madre del joven sobre la desaparición de su único hijo de parte de las autoridades de gobierno.

Muchos hombres y mujeres desaparecieron desde instalaciones militares, de carabineros y edificios estatales. Algunos de ellos fueron arrojados al mar en los “Vuelos de la muerte”.


Los cuerpos sin vida eran amarrados con alambre a trozos de riel recién cortados y metidos en sacos de papas. Si alguno de los presos seguía con vida sus estómagos eran rajados con un corvo militar.

Los rieles "recién cortados, por lo que brillaban por los lados cortados (...) los que se van cortados (…) los envuelven en un saco bien amarrados con alambre, echan el cuerpo y el riel, y con el peso del riel se van al fondo".  Testimonio del Ex agente de la DINA Nibaldo Jiménez Santibáñez,

Esta pudo haber sido perfectamente el final de Claudio Venegas.


Algunos de los culpables de estas y otras  atrocidades  llegaron, tras un engorroso y dilatado juicio, a la cárcel. Osvaldo Romo, el “guatón Romo”, quien participó en operativos en la Venda Sexy y en los arrestos en el Chevy turquesa patente DC22 fue uno de los que terminó sus días en la cárcel.



Pero hay cientos de otros de uniformados y civiles que gozan de impunidad, que viven con sus familias y disfrutan con sus amigos. Hasta ahora no ha existido nunca una respuesta contundente a nivel judicial que persiga a los culpables o repare a las familias de las víctimas. Y a nivel de educación y memoria poco y nada han hecho el gobierno  para que estas brutalidades no se repitan nunca más.


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